Situaciones y condiciones propicias para el desarrollo de las competencias matemáticas



Antes que mencionar fórmulas metodológicas concretas para propiciar aprendizajes, Alsina y Pastells, mencionan que ante cualquier otra actividad docente, se debe conocer las necesidades de los niños, brindando oportunidades para que aprendan de manera autónoma, pero con el  compañamiento del adulto conocedor de la naturaleza infantil. Ante ello, se puede decir que existe un consenso universal en definir cómo aprenden los niños.


Considerando esta particular forma de aprender de los niños de educación inicial, el desarrollo de las competencias debe darse en un espacio educativo significativo, entendido como el escenario de aprendizaje estructurado, retador y generador de múltiples y variadas experiencias. Para que un espacio educativo resulte significativo, debe ser al mismo tiempo: 1) una situación estructurada, 2) un contexto de interacción, 3) una situación de resolución de problemas y, 4) una situación que exija el uso de competencias variadas.

Un espacio educativo significativo debe ser una situación “estructurada” tanto para los niños como para el docente. Además; tener un propósito de aprendizaje, incluir la interacción docente niño durante todo el proceso de aprendizaje y, los, materiales educativos.


Llamamos “situación estructurada”, a la actividad planeada con anticipación, que responda a los intereses y necesidades de los niños, y considere los recursos necesarios y el espacio adecuado para desarrollar la actividad.

Los contextos de interacción constituyen los espacios educativos que brindan a los niños un mayor número de posibilidades para interactuar con el mundo cultural y social que los rodea. Por ejemplo, escuchar relatos, juegos, canciones y danzas de su región. Los relatos, les ayudan a comprender y respetar las ideas, las creencias y los sentimientos de los demás, la cooperación, el trabajo en equipo y la solidaridad; todas estas capacidades son necesarias para el desarrollo de competencias que garantizan la participación de los niños como seres humanos responsables, respetuosos y capaces de convivir con otras personas.

Simultáneamente, este tipo de contextos de interacción permiten a los niños la construcción de su identidad, la definición de su personalidad, la adquisición de saberes, creencias y valores compartidos y el logro del sentido de pertenencia a una comunidad cultural.

Asimismo las actividades lúdicas favorecen la capacidad de pensar desde la perspectiva del otro, de elegir y tomar decisiones, de seguir reglas, de asumir responsabilidades.

Las actividades de construcción, permiten que los niños y niñas perciban nociones al comparar opuestos: armar, desarmar, alto, bajo, largo, corto, etc. Además, les permite explorar los objetos y percibir sus propiedades físicas de color, peso, volumen, entre otras.

Las actividades de manipulación libre de los objetos, favorecen la abstracción reflexiva; es decir, encontrar relaciones entre los objetos para resolver desafíos, presentados por el maestro.

Las actividades de expresión gráfico plástica como el dibujo o la pintura, favorecen la percepción de las partes independientemente del todo, desarrollándose la reversibilidad del pensamiento.

Las actividades de psicomotricidad, favorecen la interacción con los objetos, el espacio y el trabajo con los demás. Permiten que los niños y niñas se muevan y se desplacen en libertad, reflexionando sobre la acción que realizan y estructurando diferentes nociones de forma, localización, movimiento, cantidad, medida, entre otras

El juego libre en los sectores es un escenario donde los niños se desplazan libremente por todo el espacio del aula, interactúan con los materiales, exploran las propiedades de los objetos, lo que favorece el desarrollo perceptivo y por ende, la adquisición de nociones matemáticas.

Una situación de resolución de problemas es un escenario específico en el cual se plantean acciones que los niños deben realizar para alcanzar una meta propuesta. Para alcanzarlas, es necesario organizar estrategias. Un problema puede ser considerado como una pregunta a la que no se puede dar una respuesta inmediata o, como una situación que no es posible alcanzar de manera inmediata.

Por ejemplo, cuando los niños tienen que aprender a atarse los pasadores de los zapatos, enfrentan un verdadero problema: no saben cómo hacer el nudo, ni hacer la lazada. Intentan varias estrategias para hacerlo. Una vez que los niños han aprendido a amarrarse los pasadores, esta situación ya no constituye un problema para ellos, pues ya saben los movimientos que deben realizar. Lo que inicialmente fue una situación problema se convierte en una rutina aprendida.

Durante el proceso en que los niños se enfrentan a situaciones problema, el docente facilita los aprendizajes, proporcionándoles recursos y formulando preguntas que lo motiven a la indagación.

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