¿Por qué aprender ciencia y tecnología?



Hoy en día, se reconoce la importancia de la enseñanza de la ciencia y tecnología por el impacto que tienen en la sociedad y en la vida cotidiana de las personas, por ello es necesario que nuestros estudiantes, desde los primeros años, desarrollen competencias que les permitan comprender el mundo en el que viven, desenvolverse en él con autonomía, así como tomar decisiones informadas para mejorar su calidad de vida.

La enseñanza de la ciencia y la tecnología, en el nivel de Educación Inicial, puede generar algunas inquietudes y preguntas, tales como: ¿Será posible enseñar ciencia y tecnología a niños de tres, cuatro o cinco años de edad? ¿Por qué enseñar ciencia y tecnología en Educación Inicial, si no saben leer o escribir?

Consideramos que este aprendizaje es posible desde los primeros años porque, desde que nacen, los niños miran a su alrededor con curiosidad y tienen un impulso natural que los motiva a activar sus sentidos para conocer sobre las personas, objetos y fenómenos de su entorno. Por ello, esta enseñanza debe responder al deseo por descubrir el mundo, a través de experiencias significativas que provoquen placer por hacer y aprender ciencia y tecnología, indistintamente de sus procedencias culturales y sociales, aportando a su desarrollo personal y a su formación como ciudadanos, involucrados en el cuidado y progreso del lugar en el que viven.

La experiencia científica y tecnológica incentiva la curiosidad, el descubrimiento y el gusto por aprender, al igual que la sensibilidad y el respeto por el medio ambiente. Nuestro propósito es que cada estudiante, desde los primeros años de su escolaridad, desarrolle la capacidad de comprender la naturaleza de su entorno, que pueda cuestionar, reflexionar y opinar acerca de los sucesos que lo afectan en su vida y al lugar en el que habita.

Esto nos conduce a reflexionar acerca de nuestro rol como docentes, para proporcionar a nuestros niños las condiciones físicas y afectivas que garanticen el desarrollo de competencias para la vida. Es, también, una invitación a pensar en nuestra práctica educativa, en nuestra forma de planificar, de organizar el salón, de acompañar y evaluar el proceso de aprendizaje.

¿Es posible que niños de tres, cuatro o cinco años de edad puedan hacer ciencia y tecnología?

Cuando los niños juegan y exploran, entran en un proceso de experimentación con su entorno y con los objetos que utilizan, se muestran atentos e involucrados porque estas actividades las hacen por iniciativa propia y motivados por sus ganas de conocer el mundo. De igual manera, la búsqueda de respuestas a sus «¿por qué?» y «¿cómo?» los animan a explorar y a probar todas las posibilidades que encuentran, a fin de descubrir y aprender a partir de su propia acción.

Las situaciones de exploración espontánea constituyen experiencias valiosas para su desarrollo. La libertad de acción les permite hacer uso de sus recursos para solucionar problemas, pensar creativamente, relacionarse con otros, expresar ideas y ser protagonistas de sus aprendizajes. Esta libertad genera en los niños el placer de sentirse autónomos y competentes.

Las actividades libres no significan soledad o falta de planificación, pues deben surgir dentro de un ambiente pensado y organizado con la intención de propiciar la interacción, comunicación, y el desarrollo de habilidades y conocimientos. De igual manera, requieren de la presencia y acompañamiento de un docente disponible y atento a las necesidades e iniciativas de sus niños que cree un ambiente de seguridad, respeto y aprendizaje.

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