Colegas docentes BIENVENIDOS A MI BLOG, en esta oportunidad comparto con ustedes esta información, esperando que les sea de mucha utilidad...
Por Umberto Eco
Para LA NACION
(Traducción: Mirta Rosenberg)
LA NACION/L’Espresso (Distributed by The
New York Times Syndicate)
Para LA NACION
En medio del alud de artículos sobre el matonismo escolar, me encontré con un episodio intrigante que, aunque no definiría como la máxima impertinencia dentro de la esfera de la violencia, ciertamente tiene su significado. Un estudiante, para provocar a un profesor, le dijo: "Disculpe, pero en la época de Internet, ¿usted para qué sirve?" Esta declaración, aunque una verdad a medias, ha sido repetida por profesores durante al menos veinte años, ya que la irrupción de la televisión, la radio y el cine ha llevado a que muchos conocimientos antes impartidos en las escuelas sean absorbidos por los niños fuera del ámbito académico.
Cuando era niño, mi padre desconocía que Hiroshima quedaba en Japón, no tenía idea de Guadalcanal y solo conocía de la India lo que había leído en las novelas de Salgari. En mi época, la radio y las noticias cotidianas llenaron algunos de estos vacíos de conocimiento, mientras que mis hijos han visto en la televisión y la internet, lugares remotos, el comportamiento de las abejas y detalles sobre la guerra en distintas regiones del mundo.
Aunque los niños de hoy pueden no saber exactamente qué son las células madre, han escuchado hablar de ellas, mientras que en mi época, ni siquiera se mencionaba en clase. Entonces, ¿para qué sirven hoy los profesores? Es cierto que la televisión nos informa sobre sucesos en Irak, pero solo la escuela puede explicar por qué ciertos hechos ocurren allí desde tiempos inmemoriales y no en otros lugares.
Los medios de comunicación masivos pueden transmitir información y valores, pero la escuela debe saber cómo discutir su enfoque y evaluar la fuerza de sus argumentos. Es responsabilidad de los docentes enseñar a los estudiantes a analizar críticamente la información de los diarios, revistas y televisión. Además, solo un maestro puede corregir la pronunciación errónea del inglés aprendido de la televisión.
El estudiante no estaba cuestionando el papel del profesor debido a discursos aislados y casuales en distintos medios. Más bien, señalaba la existencia de Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, que proporciona información mucho más amplia y profunda de la que un profesor puede ofrecer. Sin embargo, omitió un detalle importante: Internet no enseña cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.
Almacenar información es algo que cualquiera puede hacer con buena memoria, pero el arte sutil de decidir qué recordar y qué descartar es lo que diferencia a aquellos que han estudiado de manera regular y a los autodidactas. El problema radica en que a veces, ni siquiera el profesor sabe enseñar este arte de la selección en cada área del conocimiento. Sin embargo, al menos debería reconocer su importancia y esforzarse por ser un ejemplo de comparación y juicio de la información que Internet proporciona.
La escuela debería ser el lugar donde se enseñe el sentido de la relación entre conceptos y cómo organizar sistemáticamente la información. Si no se puede hacer esto, las tres "I" de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solo una parte incompleta de un conocimiento que no alcanza su pleno potencial. La educación es clave para guiar a los estudiantes en su camino hacia una comprensión profunda y significativa del mundo que les rodea.
LA NACION/L’Espresso (Distributed by The
New York Times Syndicate)
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